Liderazgo estratégico de equipos
Seguramente tu equipo está compuesto por buenas personas que intentan hacer lo mejor posible. Y, aun así, los resultados no siempre llegan —o no llegan de la manera que te gustaría— y en ese intento se pierde foco, motivación y energía colectiva.
En entregas anteriores hablamos del concepto de resetear al equipo, frente realidades así. No como una acción aislada, ni como un simple “volver a empezar”, sino como una metodología de intervención consciente, aplicada al sistema que el equipo conforma.
Resetear no significa cambiarlo todo. Significa ajustar aquello que no está funcionando bien: la cultura que se fue instalando, los valores que ya no se reflejan en las acciones diarias, o el delicado engranaje de la cooperación que, cuando se desajusta, consume muchísima energía…
Si te perdiste la entrega donde hablamos de la Metodología RESET, te comparto un descargable gratuito donde profundizamos en ella. Pero antes, una apreciación: esta metodología solo es consistente cuando el líder desarrolla una mirada estratégica sobre su equipo.
Eso significa, la capacidad del líder de leer, orientar e intervenir el sistema que conforman las personas del equipo —sus relaciones, conversaciones, acuerdos y formas de coordinar acciones— para alinear sentido, energía y ejecución, en función de los resultados que necesitan lograr.
Mirar estratégicamente al equipo implica dejar de ver individuos aislados y empezar a ver un sistema integrado. Solo así se da un liderazgo estratégico del equipo.
Es importante no confundir liderazgo estratégico del equipo con estrategia del negocio. La estrategia del negocio puede ser correcta y aun así ejecutarse mal, o fuera de tiempo, si el sistema del equipo es disonante o está desalineado.
¿Están preparados los líderes para esto?
En mis más de 30 años de experiencia, lo he visto en contadas ocasiones.
Lo que observo con frecuencia es que los líderes abordan los problemas del equipo de manera simplista y parcial, por ejemplo:
- Si algo no funciona, es porque las personas “no sirven” o hay que capacitarlas.
- Si un equipo no rinde, el líder necesita más herramientas.
- Si hay conflictos, faltan habilidades blandas.
- Si los objetivos no se cumplen, el problema es el compromiso individual.
- Si hay silos, falta actitud colaborativa.
- Si las reuniones no sirven, las personas no están comprometidas.
- Si el clima es malo, hay una “manzana podrida”.
En todos los casos, el foco está puesto en quién es el problema, no en cómo está funcionando el entramado de conversaciones y relaciones que el equipo está generando.
El paradigma que sigue operando
Durante décadas, el paradigma dominante en las organizaciones fue individualista y mecanicista. El desempeño se explicó —y todavía se explica— principalmente a partir de la persona: sus competencias, su motivación, su actitud, su liderazgo.
Hacé una prueba sencilla: frente a un error, preguntá a tu equipo qué habría que mejorar para que no vuelva a pasar. Las respuestas suelen señalar culpables: un jefe, un compañero, un cliente, otra área… Rara vez aparece el sistema que conforma el equipo.
Lo que deja afuera este paradigma
Cuando el foco está casi exclusivamente en la persona, quedan invisibilizados elementos clave que no pertenecen a nadie en particular, pero condicionan al todo:
- Reglas no dichas del equipo.
- Patrones de coordinación y toma de decisiones.
- Conversaciones que no se habilitan.
- Objetivos no alineados realmente.
- Interdependencias mal resueltas.
- Tensiones entre roles, áreas o prioridades.
- Paradigmas limitantes que sostienen conductas improductivas.
Nada de esto se corrige con más cursos individuales, porque no viven en el individuo, sino en la interacción.
Aquí aparece la gran paradoja: seguimos mirando a las personas en forma individual y muy poco al equipo como sistema, que es donde se originan la mayoría de los problemas.
La mirada sistémica: el equipo como unidad real de desempeño
Desde enfoques contemporáneos como el pensamiento sistémico, el desempeño no es la suma de talentos, sino un fenómeno emergente del sistema que las personas crean al trabajar juntas.
Autores como Peter Senge ya lo señalaban con claridad:
“Los resultados que obtenemos son consecuencia del sistema que hemos diseñado, no solo de las personas que lo habitan”.
Desde esta lógica:
- El equipo es la unidad mínima de valor.
- El liderazgo es una función distribuida, pero conducida estratégicamente.
- El rendimiento depende de cómo se coordinan las acciones.
- El aprendizaje ocurre en la práctica compartida, no solo en la individual.
Entonces…
Necesitamos equipar a los líderes para que puedan ver el entramado sistémico de sus equipos y saber cómo intervenir en él conscientemente. Eso es liderar estratégicamente al equipo.
Si te interesa saber cómo hacerlo, te invito a una sesión gratuita y online donde vamos a trabajar sobre este enfoque del liderazgo, con una herramienta práctica:
👉 4 bases prácticas para fortalecer tu equipo
Basada en la metodología internacional de N.E.W.S.® Navigation: La Brújula N.E.W.S.
📍Este jueves 12 de marzo, 16:00 a 17:00 hs (Zoom).
Cupos limitados. Reservá tu cupo aquí: https://lnkd.in/duAWXKfJ
Margarita Charlone, Directora de Coaching del Talento.


